Indiana Jones y la gota de la Perdición

PicsArt_06-03-06.25.32.jpgIntroducción:

La idea es muy sencilla. Todos los días tenemos que ir caminando de un lugar a otro, y en esos momentos somos testigos de millones de pequeños detalles que entran por los ojos y nuestro cerebro se encarga de atribuirles un contexto fílmico aleatorio. Acá van a poder encontrar un ejemplo, en los que mi mente le suelta la mano a la razón y se deja llevar por ese mini Spielberg que todos tenemos dentro. Así que sin más preámbulos, espero que lo disfruten.

 

Indiana Jones y la gota de la perdición

Es tan difícil caminar por la ciudad cuando llueve. Este relato es sobre un episodio que paso hace poco en un día horrible, más precisamente el viernes pasado. Se acuerdan?. Los ayudo un poco. Día feo, nublado, húmedo, con una llovizna que no te moja, pero en el momento que pasas tu mano por tu cara automáticamente los delegados del sindicato de micro gotas que se fueron acumulando en la piel gritan: “Muchachos, vamos a cortar la cara ..digo, a mojar” y splashhh….toda la cara mojada.  En fin, típico día para quedarse en la cama viendo la tele, o como está de moda decir ahora, “viendo una serie”. Te despierta la alarma del celular con la canción de turno. Te levantas y así comienza el día. Salís de tu casa y te encontras con el horror. La lluvia.20180603_181742.jpg Pero hoy en día que llueva no es lo mismo que hace 100 años.  Ahora no solo está la lluvia que cae del cielo, tenes nuevos enemigos por todos lados. Partamos de la base de que ya casas bajas quedan pocas y por el centro hay  un 90% de edificios, en los cuales los departamentos que dan a la calle tienen balcones, y aquéllos tienen hermosos canteros o plantas. Ahí tienen la primera dificultad. Las malditas gotas. Que hacen esos balcones? Acumulan agua. Entonces ahora si llueve y para, tenes que comerte el garrón de seguir esquivando la lluvia artificial generada por ellos. Y peor aún…hay que regar a las plantas!, esto hace que no solo caigan gotas cuando llueve, sino que también cuando no llueve, y no entremos en el terreno de los aires acondicionados porque ya me pongo mal.

“…Entonces ahora si llueve y para, tenes que comerte el garrón de seguir esquivando la lluvia artificial generada por ellos…”

En fin, salís de tu casa con tu arma a cuestas. Apuntas al cielo y tocas el botón….click. Y ahí sucede la magia, la tela se abre generando un escudo protector entre el cielo y tu cabeza. Que invento el paraguas no?. En mi caso toque el botón esperando que la magia sucediera y me quede viendo un palo estirado con un bollo de tela en la punta. PicsArt_06-03-06.16.32.jpgCualquiera que pasara pensaba que me estaba queriendo sacar una selfie, así que estire mi brazo y le di un ayudín a mi fiel compañero quien, cual araña desperezándose, estiro cuatro de sus seis patitas, provocando una imagen triste automática. Vieron esos tipos que van con sus paraguas rotos, haciendo malabares para que se mantengan abiertos?. Esos son los héroes de la lluvia, aquéllos que usan hasta sus últimos recursos para protegerse de las precipitaciones. Pero después tenes los otros, los que tienen una medialuna de paraguas ya que la mitad de las patitas no se estiran y no les importa. Entienden?!, No les importa! Caminan  como si nada, sin percatarse del horror que tienen sobre sus cabezas, porque genera eso, una imagen estéticamente perturbadora. Bueno, yo era uno de esos.  Emprendí mi camino hacia el trabajo con mi medialuna protegiéndome del agua.

“Vieron esos tipos que van con sus paraguas rotos, haciendo malabares para que se mantengan abiertos?. Esos son los héroes de la lluvia…”

Al llegar a la esquina, dejó de llover. Guardé mi paraguas y seguí el recorrido. Ahí fue cuando empecé a escuchar a lo lejos la banda de sonido de “Indianas Jones “. “Tan taratantan, Tantarán, tantarantan, tantaraRARÁ…”. Estaba yo y la vereda. No había mucha gente. Eran dos cuadras hasta llegar hasta el colectivo.

La lluvia ya no caía, pero había dejado su rastro en todos los balcones de la cuadra. A lo lejos pude percatarme de él. Ese maldito  que no dejaba de escupir unas gotas gordas una y otra vez. Mientras me acercaba caminando a encontrarme con él, fui aminorando el paso y calculando. En mi cintura se comenzaba a materializando un látigo, en mi cabeza un sombrero y las gotas que caían del balcón se transformaron en una pared que bajaba y subía, de manera intermitente. (La realidad es que las gotas no subían en ningún momento, solo bajaban, pero mi cabeza creó ese efecto).  Yo llevaba puesto el traje y la mochila en la espalda, pero en ese momento desaparecieron. Era un indiana Jones cualquiera.

Mi imaginación tomo el control de la realidad y la transforma a su gusto. El balcón escupió su gota más sucia y poderosa, producto de la fusión del agua de lluvia y el polvo acumulado en el piso  de aquél. Mientras caía, se empezó a estirar hasta convertirse en una pared llena de raíces y escrituras antiguas. Yo vi la transformación y decidí apurar el paso. Los dos nos dirigíamos a un punto exacto, como si fuéramos dos flechas de un angulo de 90 grados y quisiéramos llegar primero a nuestro vértice. No iba a llegar, era inminente el momento en que la “pared” me aplastara. Así que recurrí a utilizar el “nitro” y di un pequeño saltito cuan niña saltando un charquito. Ahí fue cuando el tiempo se congeló. Yo en el aire, la pared encima de mí, un nene con su mochila a cuesta mirándome curiosamente. Todo dependía de los siguientes microsegundos. Llegaría?.

“Ahí fue cuando el tiempo se congeló. Yo en el aire, la pared encima de mí, un nene con su mochila a cuesta mirándome curiosamente. Todo dependía de los siguientes microsegundos. Llegaría?.”

Mi zapato toco la vereda, con tanta mala suerte que al reposar mi peso sobre ella, la baldosa hizo un pequeño crujido y liberó toda el agua que tenía acumulada bajo ella. Chau pantalones secos, terminaron empapados, pero eso no importaba, porque lo había logrado. Había evitado la  pared y estaba vivo y casi seco.

Me sentía satisfecho con mi acto y con mi herida mojada de guerra. Tal vez no sea un héroe, no tenga superpoderes, no tenga un sombrero o una capa, pero ese momento de gloria no me lo saca nadie.

El resto de camino fue tranquilo, llegué a la parada de colectivos, esperé que llegara el que tenía que tomar y subí. Entre tanta adrenalina me había olvidado de sacar mi tarjeta sube para pagar el boleto, así que con un ágil movimiento de hombro, hice que mi mochila viniera adelante mío y ahí fue cuando la vi. Regocijándose. Puedo jurar que vi una sonrisa en ella. Sobre mi mochila estaba la maldita gota.

 

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